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1 de febrero de 2012

Ética de la personalidad frente a ética del carácter

Muchas escuelas de negocios siguen preparando hoy día a ejecutivos en la “ética de la personalidad”. El paradigma de efectividad para estas escuelas es más o menos así: La efectividad es función de la personalidad, de la imagen pública, de las actitudes, conductas, habilidades y técnicas que pueden aplicarse en las interacciones humanas. Es decir, las personas podemos ser eficaces aplicando técnicas, modificando nuestra conducta o nuestra actitud, manipulando a los demás como si fueran cosas. Según Covey, la ética de la personalidad permite obtener un reconocimiento social del talento, pero no sirve para lograr la verdadera efectividad.

El paradigma de efectividad basado en la “ética del carácter” dice que la a la efectividad no se llega con remedios rápidos, sino aplicando principios como la responsabilidad, la justicia, la equidad y la honestidad (estos cuatro principios se desarrollan en el código ético y de conducta profesional del PMI). Covey descubrió que había principios universales que gobiernan la efectividad humana. Si no sigues esos principios, podrás ser eficaz en el corto plazo, pero no de una manera duradera. La efectividad reside en el carácter de cada persona. Un carácter de efectividad personal e interpersonal se forja con  7 hábitos, y estos hábitos se basan en principios, según el modelo de Covey.


Los principios rigen las consecuencias de nuestros comportamientos. Son parte de la condición humana, leyes naturales, universales, globales, intemporales y evidentes. Rigen las consecuencias de las conductas siempre igual, e igual para todos, en todas las épocas, culturas y religiones. Algunos principios: responsabilidad, justicia, equidad, honestidad, integridad, dignidad, humildad, fidelidad, templanza, coraje,  calidad, contribución, excelencia, paciencia, potencial, crecimiento, compasión, etc.

Los principios no son discutibles. Las consecuencias de no seguirlos son claras: Como seres libres, podemos elegir tirarnos por una ventana, pero no podemos evitar las consecuencias de la ley de la gravedad. Los principios no son valores. Los valores nos dicen cómo las cosas deberían ser. Hitler tenía valores, pero no tenía principios. Hay valores buenos y valores malos, los buenos valores se basan en principios.

Un proyecto no saldrá bien si el Director de Proyectos miente, despilfarra, no respeta a los miembros del equipo, culpa a los demás, busca sólo su beneficio personal y se anota los méritos ajenos. Puede que logre un éxito puntual y rápido, puede que no le descubran. Desde luego, no sembrará para recoger éxitos futuros.

Los Directores de Proyectos con un historial de éxitos conocen y aplican técnicas y herramientas, pero lo más importante es que, para ellos, el liderazgo no es una posición, sino una elección. Ejercen un liderazgo centrado en principios.